Geomancia o La Astrología Terrestre

Llama la atención que la Geomancia sea tan poco conocida al día de hoy, cuando por siglos fue una práctica adivinatoria sumamente popular. Se trata de un sistema que, tal como lo conocemos y se utiliza al día de hoy, proviene de la cultura islámica (aunque tiene un orígen más antiguo), si bien adaptado al occidente latino (los nombres de las 16 figuras los conocemos en latín), el cual sistema tiene semejanzas con el I-Ching chino así como con el tablero de Ifá y el Diloggún de la Regla de Ocha (ambos de orígen africano pero desarrollados en latinoamérica); incluso se le ha adaptado a otra de estas tradiciones afro-caribeñas, como es el caso del Boroko Sarabandero del Palo Monte, siendo este un interesante desarrollo contemporáneo de la Geomancia.

Desde su integración en el occidente, la Geomancia ha estado íntimamente vinculada a la Astrología, habiendo una correspondencia entre las figuras y los planetas y los signos. Incluso se le llegó a llamar a la Geomancia la Astrología Terrestre pues se pueden hacer cartas astrales con las figuras geománticas, pero a diferencia de las cartas astrológicas, que requieren el empleo de tablas astronómicas y complejos cálculos matemáticos (cuando aún no había computadoras), además de un proceso interpretativo complicado, los esquemas geománticos son muy fáciles de generar y más sencillos de interpretar; de ahí que, en un tiempo en que el acceso a la práctica astrológica era muy limitado, también se le conociera como la astrología de los pobres.

El nombre Geomancia literalmente significa adivinación terrestre, y originalmente se aplicaba a la adivinación basada en los movimientos telúricos o en el comportamiento de los volcanes, sin embargo, a partir de la edad media se le corresponde con este misterioso y bello sistema, pues originalmente el proceso de generación del esquema así como el trazado del mismo, se realizaba sobre la tierra, con un palo o bastón. Y si bien, al día de hoy, hay quien lo sigue haciendo sobre la tierra, o en un cajón de arena, por ejemplo, es suficiente con un papel y un pluma para componer un esquema que sirve para responder a cualquier pregunta, sea el llamado escudo geomántico o la carta astral geomántica. También se puede usar una moneda o unos dados; cualquier elemento que azarosamente genere patrones binarios, para así, a la hora de componer un tetragrama, determinar si en cada uno de los cuatro niveles usar un punto o dos puntos. De este modo se van conformando las diferentes figuras con las cuales se construye luego un esquema como los mencionados.

Cada figura tiene un nombre poético, el cual refiere a su naturaleza cualitativa, a su cualidad simbólica; por ejemplo: Muchacha (Puella), Pérdida (Amissio), Fortuna Mayor (Fortuna Maior), Cárcel (Carcer), Alegría (Laetitia), etc. De modo que una figura como Rojo (Rubeus), indica una naturaleza apasionada y enérgica, potencialmente violenta o destructiva. Al tratarse de metáforas de principios cósmicos, las figuras tienen correspondencias con los símbolos astrológicos, con los planetas y los signos del Zodíaco, según señalamos más arriba. En el caso de Rojo (Rubeus), esta figura corresponde a Marte. Cabe observar que, no obstante las correspondencias astrológicas, no es necesario saber astrología para aprender Geomancia, pues cada figura tiene un significado particular o propio, independiente del simbolismo astrológico.

Existen diversas reglas para interpretar las relaciones entre las figuras en un esquema geomántico, de acuerdo con las cuales podemos obtener una respuesta, y a partir de esta, entonces, buscar “negociar el futuro”, es decir, tras un diagnóstico inicial buscar remedios que puedan equilibrar una tendencia negativa, y de este modo, atenuar o equilibrar su influencia en pos de un resultado positivo esperado; todo esto, siempre dentro de ciertos límites, pues no es posible manipular las cosas a nuestro antojo; hay una ley que ordena toda práctica adivinatoria y ritual. Y, precisamente, la Geomancia, como la Astrología, tiene una dimensión ritual, proactiva. Expresión de las correspondencias astrológicas de las figuras, cada una de estas se vincula con diversas inteligencias celestiales, con los ángeles y espíritus de los planetas, lo que abre la puerta a la práctica mística de la Geomancia como un lenguaje divino, como un sistema de contemplación espiritual, de comunicación y participación con la divinidad, que además tiene aplicaciones incluso talismánicas, pues a cada figura corresponden diversos diseños talismánicos particulares que se emplean en los remedios indicados por medio de la adivinación geomántica.
La Geomancia o Astrología Terrestre, nos permite descubrir los cielos en la tierra, propósito en nuestras vidas, pues todo lo celeste se haya en la tierra de un modo terrestre, así como todo en la tierra se haya en los cielos de un modo celeste (parafraseando a ese extraordinario místico y metafísico de la astrología que es Proclo).

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