
Comparto estas breves observaciones acerca de dos elementos que me parecen fundamentales en la práctica de la magia astrológica, los cuales, sin embargo, como por un acto de prestidigitación, es trucado por las “autoridades” sobre el tema en las redes sociales. En muchos casos, se apela a autores antiguos, se muestran imágenes de sus libros o se les cita mostrando una comprensión más bien pobre de los mismos. No obstante, la autoridad en la práctica de la magia astrológica no reside en los libros, y menos aún en la publicidad o mercadotecnia en las redes sociales, sino en el daimon. El reconocimiento de esto descansa a su vez en el reconocimiento de que la magia, como la filosofía y la astrología, no es meramente una técnica, no primariamente, sino solo secundaria y derivativamente, su ser primario siendo la dinámica metafísica de la realidad misma, que es al mismo tiempo la dinámica de nuestro ser. La magia podemos concebirla como metafísica/teología práctica. Así ha sido concebido por el platonismo y el hermetismo, las tradiciones filosóficas fundamentales de la astrología occidental, desde la antigüedad tardía hasta el renacimiento. La astromagia o magia astrológica, es el aspecto operativo de la astrología. Como parte de la sobresaliente recuperación de formas de practicar y vivir la astrología en la antigüedad (desde los babilonios a los períodos helénico, medieval y renacentista), observable en la cultura occidental durante las últimas décadas, emerge una astrología con un aspecto filosófico, tanto teórico como espiritual y contemplativo, así como con un aspecto remedial y ritual, tanto médico como mágico y místico. Este segundo aspecto implica una concepción de la astrología que va mucho más allá de considerar y practicar la misma como solamente una técnica de interpretación de cartas astrales, pues supone la posibilidad de tener progresivamente un conocimiento directo del simbolismo astrológico, de vivirlo, de experimentarlo directamente: tener una comunicación inmediata con las inteligencias celestes simbolizadas en los mapas astrales; es decir, desarrollar una relación personal con éstas. Aunque la astromagia tiene una finalidad primaria que es espiritual, mística, también tiene una finalidad remedial o aplicación secundaria legítima, en términos de nuestras necesidades materiales, cotidianas; si bien, dentro de ciertos límites, esto es, siempre y cuando sea en armonía con la ley astral providente que gobierna el mundo.
Así pues, como en la filosofía y en la astrología, aunque es necesario un dominio técnico en la magia astrológica, al no reducirse a esto -tratándose de una condición necesaria más no suficiente-, esta actividad depende en primera instancia y por principio, de la inspiración y gracia divina, de la donación de los dioses mediada por sus mensajeros, si apelamos al lenguaje poético del rito, el mito. Depende de la exaltatio, la dignificatio de la que hablan los magos medievales y renacentistas del occidente latino. Es la meta de la pedagogía daimónica que propone el platonismo antiguo, la auto-educación del alma que esta aprende a recibir. El contacto y comunicación con el espíritu o genio tutelar, con el daimon o santo ángel guardián, es algo que en cierto sentido se conquista individualmente pero que en otro sentido uno ha de aprender a rendírsele, de un modo similar a como hemos de rendirnos al amor (Eros es el gran mago, según los platónicos). Se trata de una capacidad que la persona ha de facilitar por sí misma, en paralelo a ser facilitado por la iniciación. Implica una forma de vida, no solamente tomar un curso de un fin de semana (lo cual no tiene nada de malo, claro) y pensar que con eso ya aprendí magia astrológica pues aprendí algunas técnicas que yo puedo replicar, como si la magia fuera una operación quede manera mecánica y automática, si sigo la fórmula que dicen los libros o el curso, obtengo x resultado. Es decir, como practica espiritual y forma de vida, la astromagiasupone el desarrollo de una disciplina, de un compromiso, formalizado y activado por la iniciación. Esta puede tomar diversas formas, ocurriendo en un plano interior, como en el sueño, y/o en el plano exterior, con una iniciación formal. Idealmente en ambos. En cualquier caso, la licencia operativa para la práctica de la astromagia, tiene su principio en el daimon y es transmitida y actualizada por la iniciación. Por ello es que la/el practicante debe en primer lugar asegurarse o ganarse la relación de un daimon asistente, previo a las prácticas mismas (no es el momento para hacer distinciones elaboradas entre el daimonasistente y el daimon particular del alma individual, observar sus diferencias y sobreposiciones. Solo cabe recordar que uno de los principales rostros del daimon es el de los ancestros).
En cuanto arte o técnica, el desarrollar una maestría en esta, aparejado con una forma de vida (ahí entra la ética), es una tarea de vida, es decir, requiere amplio tiempo y experiencia; no es algo que se pueda apresurar, no es una carrera. No es una competencia, salvo para quienes tengan como meta la ganancia económica, los “likes”.
Cito para concluir al filósofo, astrólogo y mago del renacimiento italiano, MarsilioFicino:
“Nos llevan a un arte y un saber perfectos no tanto la aptitud del ingenio para aprender y la tenacidad de la memoria cuanto más bien la perspicacia para juzgar con prudencia… es indispensable que los juicios se vean confirmados mediante experimentos… Por eso concluimos con razón, que el aprendizaje y el dominio de un arte exige mucho tiempo y que no podemos alcanzarlo sino a lo largo del curso de una vida dilatada.” De Vita II, 1 (trad. M. Villanueva Salas).
Nuestro arte es extenso y la vida breve (Ars longa vita brevis), se asevera en un conocido refrán antiguo. Como aconseja Ficino, se requiere no solo un dominio técnico(necesario mas no suficiente), sino el desarrollo de una prudencia e intuición que vienen tras mucha experiencia, muchos años de discreta disciplina y entrega amorosa.
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